Martica Arriola Dugand

LA DANZA EN MI VIDA, MI COMPAÑERA FIEL...

La danza en mi vida… Parece una cuestión sin mucho fondo donde lo primero que se viene a mi mente son las innumerables clases que tomé con diversos maestros que me aportaron de diferentes formas, no solo físicamente y como bailarina, sino definitivamente como persona. Pero resulta que la danza me ha tocado de muchas más formas y es increíble ver cómo se ha ido moldeando y adaptando a cada etapa de mi vida.

¿Qué por qué no la he dejado nunca? Creo que tal vez la respuesta es que ella (la danza) nunca me ha abandonado a mí, compañera fiel en cada paso que he dado.

Durante mi infancia y adolescencia, la danza me permitió expresarme, salir de la rutina, hacer amistades que aún hoy permanecen en mi vida, desarrollar habilidades como la disciplina, compromiso, entrega, perseverancia. Me enseñó a luchar por lo que quiero, que no todo es tan fácil como uno cree cuando es pequeño, que las cosas se consiguen con trabajo y dedicación y que, aun así, no siempre salen como esperas… Sí, la frustración existe.

Y justo cuando empecé a sentir que necesitaba algo más que tomar clases, que quería ir más allá, tengo la fortuna de capacitarme como profesora y empezar a dictar clases de danza en Play Dance, en sus inicios, con mi “hermana de la danza” como le digo yo, Cata Botero. Un mundo nuevo con un sinfín de sentimientos y sensaciones antes desconocidas. Nunca pensé que como profesor aprendería mucho más que como alumno y que los verdaderos maestros ahora eran esas niñas a las que les daba clase, quienes con su alegría y entusiasmo por bailar, me dieron la gasolina que necesitaba, incluso en los momentos más difíciles.

Llegó el momento de tomar una dura decisión: O me dedicaría a ser profesora de danza o seguiría mis sueños de hacer mi práctica de Ingeniería Industrial en Puerto Rico, frenando el proceso de docente. Y me fui, con lágrimas en mis ojos al despedirme de mi nueva casa Play Dance, sin antes hablar con Cata Botero y concluir las dos que algún día con seguridad nos volveríamos a encontrar en Play Dance de otra forma…

En Puerto Rico, como era de esperarse, la danza estuvo siempre conmigo, fue mi gran compañía, mi paño de lágrimas en los momentos en que me sentía sola, mi aliciente para no rendirme y mi gran motivación. Regresé a terminar mi carrera, empecé a trabajar, hice dos especializaciones, me casé y claro, seguí bailando siempre en Play Dance en los huequitos que podía, como fuera siempre me organizaba para darle el espacio a esa gran compañera de vida, la danza.

Y llegó el día… 8 años después de que tomé la decisión de irme para Puerto Rico. Estaba trabajando en una empresa grande, en el área financiera, tenía 7 meses de embarazo, horario estricto de oficina, sentada todo el día frente a un computador revisando números y cifras. Me gustaba lo que hacía, sí, pero estaba llegando a una etapa de la vida en que necesitaba algo que me llenara más, que me diera más calidad de vida y se acoplara mejor a mi nueva etapa de la maternidad.

¿Quién apareció para “salvarme”? La respuesta sobra… la danza otra vez aparece en mi vida. Me llamo Cata Botero y me hizo la propuesta de trabajar en Play Dance en la parte administrativa y financiera. Play Dance necesitaba de mí y yo de Play Dance. Podía por fin juntar mi carrera profesional con mi gran pasión, trabajar en un lugar mágico al que vi nacer y al lado de una gran amiga, mi hermana de la danza, Cata Botero.

¿Que qué respondí? A los 15 días de su llamada estaba sentada en la oficina que, desde el 1 de abril del 2013, hasta hoy compartimos Cata y yo. Han sido 8 años en los que, como líder del proceso administrativo y financiero de Play Dance, he tenido innumerables momentos felices que son inolvidables, satisfactorios y maravillosos. Claro que se han presentado momentos difíciles y grandes retos, pero cuando las cosas se hacen con amor y pasión, pareciera que somos invencibles y logramos sortear cualquier obstáculo.
Sigo bailando en los huequitos que tengo y ver a mis hijos bailando en Play Dance me llena el alma de alegría, saber que de alguna forma el legado continúa. Espero que la danza pueda acompañarlos como a mí, en sus vidas y darles todo lo que me ha dado, que se bailen la vida, que puedan encontrar respuestas ahí, porque bailar es y será siempre la respuesta.

¡GRACIAS PLAY DANCE!

Tiki A.