Andrea Fernández Urrea

A TRAVÉS DE LA DANZA, ENCONTRÉ EL YOGA

La danza fue mi primer camino espiritual sin saberlo. Desde pequeña he sido fan del movimiento, me fascina el cuerpo y sus diferentes expresiones. Así que muy pequeña me inicié en el mundo de la danza, que siempre me acompañó, hasta el día que conocí el yoga y allí me quedé. Recuerdo que hacía danza en el colegio en extracurriculares y a los 15 o 16 años sentí algo dentro de mí que me pedía más dedicación y seriedad en esta actividad.

Fue entonces cuando entre a Play Dance, una escuela de danza que marcó mi vida en muchos aspectos. Allí estuve por 8 años completamente dedicada a bailar, enseñar y compartir con personas hermosas. Aunque estudié Comunicación Social en EAFIT, siento que otra carrera profesional que hice y complementa lo que hoy soy, fueron todos estos años compartiendo y aprendiendo en Play Dance. El estilo de danza con el que más conecté, fue el ballet y luego, con la danza contemporánea, aunque paralelamente exploré el hip hop, jazz y otros estilos. La danza para mí era la máxima expresión del cuerpo y la mente. Danzando el tiempo no existía y la dicha y pasión afloraban de mi ser de una manera inigualable. Pasados los años y explorando cada vez más a profundidad la danza contemporánea, empecé a sentir la necesidad de conectar con el silencio y la quietud. Fue entonces cuando, por eventualidad, crucé con una clase de yoga en un museo; inmediatamente sentí que esa era la danza que quería explorar. La danza y el yoga para mí son dos mundos que se unieron y construyeron lo que hoy soy a nivel físico, mental y espiritual. A la danza le debo la disciplina, la conciencia corporal, la entrega y la pasión por el movimiento. Al yoga le debo el espíritu, el amor propio, la pausa, el silencio y la conexión constante con Dios.

La danza me dio muchísimas herramientas físicas para entender cómo llevar la conciencia a diferentes lugares de mi cuerpo y expandir desde allí la mente; me dio la entrega y la inspiración que se necesitan para ir profundo en la práctica de yoga. Así que hoy, 11 años después, puedo sentirme feliz de haber hecho de la danza mi primer camino espiritual y de haberlo podido expandir y transformar en la práctica del yoga que hoy mantengo y comparto con tantas personas.

¡GRACIAS A PLAY DANCE ENCONTRÉ LA DANZA Y DESDE LA DANZA LLEGÓ EL YOGA; Y GRACIAS AL YOGA ENCONTRÉ MI LUGAR EN EL MUNDO!

Andre Fer